¿Se justifica la teoría microbiana de la enfermedad?

Nuestro estimado Jesús García Blanca ha escrito un artículo en Discovery Salud respondiendo con todo lujo de detalles a la pregunta del título.

Copio unos fragmentos

El protagonista casi absoluto de esta desgraciada historia es Luis Pasteur al que la Enciclopedia Británica -propiedad por cierto de los Rockefeller- define así: «Químico francés y microbiólogo cuyas contribuciones estuvieron entre las más variadas y valiosas en la historia de la ciencia y la industria. Fue él quien demostró que los microorganismos causan fermentación y enfermedad. Él quien inició el uso de vacunas». A estas alturas pocos cuestionarán sus contribuciones a la historia de la industria. Otra cosa es su carrera científica respecto a la cual ha quedado suficientemente demostrado que sus supuestos hallazgos se deben al plagio y al fraude.

 Existen tres análisis -desconocidos para el gran público pero absolutamente rigurosos y demoledores- que dejan bien sentado el comportamiento de Pasteur a lo largo de toda su carrera: los libros de Ethel Douglas Hume y Robert B. Pearson, y el Informe de Gerald L. Geison. De estos textos se desprenden dos ideas fundamentales. La primera, que Pasteur plagió a su maestro Antoine Bechamp, riguroso investigador y miembro de la Academia de Ciencias de Francia. Bueno, el problema es que no se limitó a copiar sus ideas sino que las malinterpretó, confundió y tergiversó lanzando la historia de la medicina por un camino totalmente opuesto al que debió recorrer con trágicas consecuencias para la salud de todos como veremos a continuación. Por otra parte, Pasteur «arregló» los resultados de sus experimentos para que se correspondieran con las ideas que quería demostrar y que, contra toda evidencia, aún persisten en los libros de texto escolares y en la cabeza de la inmensa mayoría de la gente, médicos incluidos.

 Bechamp había analizado la relación de los microorganismos con determinadas enfermedades siguiendo los pasos de investigadores como Günter Ederlein, Jean Tissot, Raimond Rife o Wilhelm Reich. Lo que hizo Pasteur fue simplificar sus ideas afirmando que los microorganismos son la causa de las enfermedades; una idea sencilla de asimilar y sobre todo rentable, no sólo en términos económicos sino en un terreno mucho más importante: el de la responsabilidad individual y colectiva sobre la salud y la enfermedad.

 La Enciclopedia Británica de Rockefeller también adjudica a Pasteur otro descubrimiento que en realidad éste robó a Bechamp: la fermentación del vino y la leche. Bechamp negó la generación espontánea en la que Pasteur creía a pie juntillas hasta que decidió apropiarse de la teoría de su maestro sin entenderla. Es más, por las conclusiones a las que llegó Pasteur no comprendía ni siquiera sus propios experimentos relacionados con los procesos digestivos y fermentativos. Y eso explica que pidiera a su familia que no hicieran públicas sus notas de laboratorio tras su muerte. Solo que en 1975 un historiador de Princeton, el profesor Geison, tuvo la oportunidad de realizar un estudio exhaustivo de las cerca de diez mil páginas que habían permanecido secretas hasta la muerte del nieto de Pasteur y en las conclusiones de su informe -titulado La ciencia privada de Luis Pasteur que presentó en 1993 a la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia- éste aseguraría que Pasteur no sólo publicó información fraudulenta sino que era culpable de «mala conducta científica» al violar reglas de la medicina, la ciencia y la ética. Nada de lo cual ha impedido que se le siga considerando «benefactor de la humanidad» hasta en los anuncios de yogures.

Recomiendo encarecidamente leer íntegro este clarificador artículo. Aunque ya se ha hablado del tema en este blog, Jesús aporta muchos datos poco conocidos y, como siempre, lo ensambla todo de maravilla.

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