Quitar las amígdalas
Publicado: 01 May 2023, 02:58
Voy a contar mi experiencia sobre cómo evité que me quitaran las amígdalas cuando era pequeño.
Resulta que mi hermano padecía de frecuentes inflamaciones de anginas, y lo pasaba muy mal, con fiebre. Le medicaban con antibióticos y todo eso tan habitual. Afortunadamente, yo estaba bien. El médico recomendó a mi madre que le quitaran las amígdalas a mi hermano, y no sé si fue el médico el que también le recomendó a mi madre quitármelas a mí, o si la idea de quitármelas a mí partió de mi madre. El caso es que yo era el siguiente en la lista.
Yo, sin saber si esa operación era fácil o difícil, o si tenía consecuencias buenas o malas, estaba en contra de que me las quitaran porque:
* Mi intuición me decía que no, que operar es el fracaso de la medicina.
* Mi sentido común me decía que si mi cuerpo tenía amígdalas era por algo así que no había que quitarlas.
* Mi sentido común también me decía que una operación siempre entraña riesgos que no quería correr.
* Yo estaba sano. A veces me resfriaba o acatarraba, pero no sufría de dolor de garganta (y si alguna vez sufría alguna pequeña molestia de garganta me aguantaba y no lo contaba).
* Estaba más cómodo en casa, jugando en la calle o en el colegio que en un sitio en donde alguien me iba a arrancar una parte del cuerpo y nada menos que de la garganta.
Así que se las quitaron a mi hermano, y estuvo jodido una buena temporada hasta que se recuperó, lo cual me aterrorizó, naturalmente, con lo que por la cuenta que me trajo uní a las razones anteriores la de las consecuencias reales que había sufrido mi hermano tras la operación, tiempo que yo aproveché sabiamente para hacer un trabajo constante de pico y pala para convencer a mi madre de que no me quitaran las anginas, y finalmente la convencí, supongo que por una mezcla de mi esfuerzo y sobre todo por el mal ejemplo del sufrimiento de mi hermano que ella no quiso se volviera a repetir.
Resulta que mi hermano padecía de frecuentes inflamaciones de anginas, y lo pasaba muy mal, con fiebre. Le medicaban con antibióticos y todo eso tan habitual. Afortunadamente, yo estaba bien. El médico recomendó a mi madre que le quitaran las amígdalas a mi hermano, y no sé si fue el médico el que también le recomendó a mi madre quitármelas a mí, o si la idea de quitármelas a mí partió de mi madre. El caso es que yo era el siguiente en la lista.
Yo, sin saber si esa operación era fácil o difícil, o si tenía consecuencias buenas o malas, estaba en contra de que me las quitaran porque:
* Mi intuición me decía que no, que operar es el fracaso de la medicina.
* Mi sentido común me decía que si mi cuerpo tenía amígdalas era por algo así que no había que quitarlas.
* Mi sentido común también me decía que una operación siempre entraña riesgos que no quería correr.
* Yo estaba sano. A veces me resfriaba o acatarraba, pero no sufría de dolor de garganta (y si alguna vez sufría alguna pequeña molestia de garganta me aguantaba y no lo contaba).
* Estaba más cómodo en casa, jugando en la calle o en el colegio que en un sitio en donde alguien me iba a arrancar una parte del cuerpo y nada menos que de la garganta.
Así que se las quitaron a mi hermano, y estuvo jodido una buena temporada hasta que se recuperó, lo cual me aterrorizó, naturalmente, con lo que por la cuenta que me trajo uní a las razones anteriores la de las consecuencias reales que había sufrido mi hermano tras la operación, tiempo que yo aproveché sabiamente para hacer un trabajo constante de pico y pala para convencer a mi madre de que no me quitaran las anginas, y finalmente la convencí, supongo que por una mezcla de mi esfuerzo y sobre todo por el mal ejemplo del sufrimiento de mi hermano que ella no quiso se volviera a repetir.