¿Por qué vacunar a los niños?
El propósito de los holocaustos, denominados con satánica hipocresía por su antítesis, "sacrificio" por alguien, es la esclavización total de una población mediante torturas y matanzas públicas, repetidas y santificadas, esto es, rituales. Ese proceso termina cuando se produce el "síndrome Patty Hearst" y a quienes se ha destrozado su núcleo individual por la tortura repetida, el irracionalismo sistemático y la dependencia absoluta se convierten en fanáticos adoradores de sus torturadores, i.e.: Las religiones.
El objetivo de torturar para esclavizar es hacer daño y en consecuencia producir sufrimiento destruyendo nuestra soberanía, inteligencia y sentido ético y por tanto nuestra personalidad individual mediante la humillación, el enloquecimiento y las agresiones corporales.
Las agresiones son imprescindibles y cada una cumple un objetivo preciso en el proceso de destrucción individual: Expolio, secuestro, violación, indigencia, crucifixión, demonización, prohibir viajar, moverse, hablar, escribir, mutilaciones, latigazos..etc.
Hay dos tipos de agresión que producen como ninguna esa anhelada "tabula rasa" destrozada de la que surgirá la nueva Patty Hearst: Las agresiones sexuales y las médicas porque ambas hieren lo más íntimo de nosotros y combinan al máximo la humillación, el dolor y la sujeción. Las primeras convierten en aterradora, vejatoria, horriblemente dolorosa, repulsiva, sucia, "pecaminosa" y demencial la experiencia más hermosa, profunda y placentera que existe y aquella por la que se produce la maravilla de la renovación de las generaciones. Las segundas convierten la curación de heridas o enfermedades - aunque a veces sea dolorosa- en la producción de su antítesis: daños, enfermedades, trastornos y mutilaciones ante los cuales estamos inermes y los médicos se convierten entonces en infernales torturadores.
También es imprescindible, para "destruir enloqueciendo" la inteligencia y el sentido ético las cínicas "excusas y razones santificadoras", las cuales deben inculcarse en quien se tortura, por ejemplo diciendo "te amo" continuamente mientras se despedaza a la víctima.
Por eso la doctrina santificadora, absolutoria y legitimadora de los esclavista DEBE ser lo más irracional, delirante, absurda, arbitraria y contradictoria posible. No solo no importa que la víctima se percate sino que debe percatarse al máximo para "romperle el cerebro".
Las doctrinas santificadoras son de dos tipos: "Es legítimo que os esclavicemos porque somos vuestros creadores y por tanto superiores" y "en realidad no os esclavizamos, son pruebas", etc., "es por vuestro bien, porque os amamos". Es mucho más perfecta la segunda, claro está. Ésta es la diferencia básica entre Nazismo y Comunismo. El Nazismo - la más perfecta mímesis del judaísmo de toda la historia de Europa- es desembozado aunque igualmente sofista. El Comunismo, más artero e insidioso, no santifica el objetivo, el esclavismo: Lo niega de plano.
La víctima es crucial. Cuesta más esclavizar a los adultos, pero los niños son ideales: A su indefensión absoluta hay que añadir su confianza ciega en sus padres, madres, sacerdotes y profesores. No hay atrocidad cometida sobre un niño que no se pueda santificar ante él.
Cualquier esclavista inteligente concentrará todos sus esfuerzos sobre las siguientes generaciones, para producir hornada tras hornada de Patty Hearsts que no solo le alabarán sino que le defenderán a muerte, por los siglos de los siglos, a él y a sus descendientes. Por todo esto, que convierte a los progenitores en cómplices como en el antiguo Tofet, vacunar a los niños es lo primero para el satánico Régimen Corona. Aunque por supuesto puedes minimizarlo, silbar y contarte historietas, lo cual demostrará tu condición de Patty Hearst.
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