Carta abierta a los ignorantes

Lo primero que hay que decir es que todos somos ignorantes, ya que ninguna persona sabe todo lo necesario para ser completamente feliz en su vida. Quizá por eso un sabio que sabía mucho dijo: “yo cambiaría todo lo que sé, por todo lo que me falta saber”. Se nota que le gustaban las transacciones ventajosas.

CLASIFICACIÓN DE LOS IGNORANTES POR EL PELIGRO QUE REPRESENTAN:

EL QUE ES IGNORANTE Y LO SABE: esta persona no representa ningún peligro para los demás, pero sí para él mismo, pues su ignorancia le hará meterse en líos que hasta pueden costarle la vida.

EL IGNORANTE TITULADO: cualquiera que haya sacado un título en una máquina expendedora de licencias para ejercer llamada “Universidad”, acaba pensando que sabe, puesto que ha perdido unos años estudiando el tema en cuestión. El problema es que la universidad no se dedica a impartir conocimientos para comprender y dominar un tema en concreto, sino que su objetivo es adoctrinar al sujeto para que cumpla las directrices económicas, políticas, sociales y culturales que los que mandan han diseñado para la humanidad.

Un ejemplo: la aplicación práctica de la medicina que ha aprendido un médico en la universidad, produce unos resultados mucho peores que no hacer nada. Puesto que lo único que le han enseñado es a hacer cribados peligrosos, dar por buenos los falsos diagnósticos, y envenenar a todo lo que se mueve con fármacos.

Antes de la plandemia los tratamientos médicos y los fármacos eran la tercera causa de muerte en el planeta. En el mundo post plandemia ya se puede apostar sin temor a equivocarse que van a ascender en el podio a la PRIMERA CAUSA DE MUERTE.

Es una obviedad decir que el ignorante titulado es un gran peligro para cualquiera que por pereza ponga la vida en sus manos.

EL IGNORANTE POLÍTICO: a la ignorancia del político se suma su malicia. Lo único que quiere es permanecer en la poltrona que tan buenos réditos le ofrece, pero eso le encierra en un círculo vicioso: no puede contrariar a la mayoría, ya que perdería las elecciones, lo que le obliga a tomar las decisiones que menos convienen a sus votantes. Pues por todos es sabido que la inmensa mayoría históricamente se ha equivocado siempre.

El político es más peligroso que el titulado, pues en su infinita ignorancia, muchas veces superada por su soberbia, puede sacar su vena totalitaria y obligar a la población a hacer cosas muy perjudiciales para la salud, la economía y la convivencia.

EL IGNORANTE BIEN INTENCIONADO: este espécimen es el más peligroso de todos, pues su pretendida buena intención le da fuerzas para saltarse todas las precauciones lógicas.

Como ejemplo perfecto del peligro de este espécimen, tenemos la siguiente noticia:

Vacunan contra la covid-19 a hombre de 121 años en Perú

Vacunan a un anciano de 121 años. Para llegar hasta su casa, la brigada de vacunadores tuvo que caminar hasta tres horas por montañosos caminos rurales de difícil orografía.

Con las patitas tan cortas que tiene un virus, nunca hubiera podido llegar a esa zona apartada, pero eso a los ignorantes no les interesa. Quieren presumir delante de sus amigos que caminaron 3 horas para poder envenenar a un anciano inocente que no hacía daño a nadie.

RECOMENDACIÓN PARA LOS IGNORANTES

Como nadie podrá nunca atesorar todos los conocimientos necesarios para una vida plena y feliz, lo ideal es aprender un mínimo de cosas importantes que te permitan tener una vida digna, sin sufrimiento y sin privaciones de las cosas más necesarias.

Demos un repaso empezando por lo más importante:

LA SALUD

Lógicamente, la salud siempre va la primera. Sin salud nadie puede ser feliz y tener una vida digna.

Conservar la salud es algo muy sencillo, la prueba es que las lagartijas analfabetas y los incultos gorriones lo consiguen al 100%. Torear los defectos que te incitan a perder la salud es más complicado. Veamos:

LA PEREZA de tener que ir a comprar frutas y vegetales, tener que lavarlos hoja por hoja, perder tiempo preparándolos, luego tener que limpiar todo lo que se ha ensuciado. Es difícil resistir la tentación de pedir una pizza o comida china sin mover el culo del sofá, que viene en una caja de cartón, comer con cubiertos desechables y luego tirarlo todo sin tener que lavar. Para lavar la conciencia diremos que lo hemos tirado al contenedor del reciclado.

LA GULA de los paladares poco educados por comer cosas con sabores fuertes y texturas contundentes. Hay que recodar que el pez muere por la boca, y que un ser humano es un estómago con patas.

LA SOBERBIA de decir que se come el caviar más caro y se bebe champán francés. Los pobres incautos no saben que las cebollas nuevas que hay ahora y que valen menos de un euro por kilo, hechas al grill con aceite de oliva y poca sal son un manjar sólo al alcance de paladares sibaritas. Se quedan dulces como si fueran mermelada de cebolla. Yo las uso de relleno para las tortitas, que aderezadas con mayonesa de aguacate pueden provocar un éxtasis sensorial sólo comparable con la degustación de la ambrosía que bebían los dioses griegos.

LA TELE-BORREGO-ADICCIÓN: comer lo que sale en la tele. Usar lo que dice la tele. Tomar los medicamentos que aconsejan en la tele. Hacer caso a la científica Belén Esteban cuando aconseja inocularse un potingue transgénico experimental. Dar veracidad a todos los que salgan en la tele llevando una bata blanca.

LA IRRESPONSABILIDAD de delegar la dieta en manos de un endocrino y la salud en manos de un matasanos, que durante la plandemia se ha pasado su juramento hipocrático por el arco del triunfo. Cualquier titulado que no se haya negado a cometer crímenes contra la humanidad, está incapacitado de facto para ejercer la medicina.

EL EXCESO DE INTERVENCIÓN: nuestro cuerpo es una máquina perfecta capaz de repararse a sí misma, con la única condición de que no se la moleste. Cualquier intervención por nuestra parte para forzar al cuerpo a hacer algo, con total seguridad será perjudicial, pues nuestro cuerpo tiene una sabiduría atemporal y, nosotros, como estamos demostrando, somos muy ignorantes. Como un ejemplo de estupidez se puede poner el bajar la fiebre.

EN SEGUNDO LUGAR TENEMOS EL DINERO

El dinero sirve para comprar las cosas necesarias para conservar la salud, la dignidad y no pasar privaciones.

Las cosas que necesita un ser humano son pocas y baratas:

Alimento: los productos más sanos son los más baratos, porque se producen en abundancia y son de estación.

Techo: va bien tener un techo cuando llueve, pero sirve cualquiera, aunque no se haya pintado nunca.

Abrigo: es conveniente tener ropa de abrigo cuando hace mucho frio, pero es fácil de conseguir, ya que a todos los inmigrantes que llegan les dan mantas, y como son un engorro enseguida las tiran al contenedor.

Es conveniente tener unas reservas puestas en algo que mantenga el poder adquisitivo, para no verse obligado por la necesidad a tener que aceptar trabajos inmorales, insalubres o peligrosos.

Como decía un sabio: un poco de dinero evita preocupaciones, mucho las aumenta.

LIBERTAD, DIGNIDAD Y EDUCACIÓN DE LOS HIJOS: una vez que alguien ha aprendido a conservar la salud y a manejar correctamente el dinero, lo siguiente que tiene que aprender es a conservar su libertad y dignidad. Tendrá que estar muy atento, pues va a recibir ataques invisibles por todos los flancos.

Y lo más importante de todo es no permitir que adoctrinen a los hijos, pues si les cuadriculan la mente nunca más podrán funcionar como seres humanos libres y con dignidad.

Aunque se sigan ignorando el resto de los miles de temas que la sociedad considera importantes, con los pocos que se han expuesto se puede conseguir una vida bastante interesante y divertida.

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