Grandes timos: la Psiquiatria, industria de la muerte

Se han hecho verdaderas aberraciones en el pasado intentando tratar, que no curar, los problemas mentales y emocionales de los seres humanos.

 

En el presente, los tratamientos parecen más humanos que antes, pero es sólo en apariencia. El envenenamiento indiscriminado con fármacos que pueden provocar el suicidio desde la guardería, es un espectáculo horrendo, que sólo por haberlo convertido en habitual lo convierte en soportable para la sensiblería (que no sensibilidad) humana.

 

El manual DSM, en el que los psiquiatras se ponen de acuerdo por votación en aumentar el número de enfermedades todos los años, es peor que El Malleus Maleficarum (del latín: Martillo de las Brujas), que usaba la Inquisición. Van definiendo como enfermedades mentales comportamientos normales del ser humano y cada día lo hacen empezando desde más temprana edad.

 

La realidad es que un porcentaje altísimo de las personas a las que la psiquiatría ha arruinado su vida han llegado a esa terrible situación por problemas fáciles de tratar. Pero a la industria no le interesa que se detecten y solucionen las causas verdaderas de la mayor fuente de ingresos que llenan sus arcas.

 

Las causas físicas de más del 70% de los problemas mentales y emocionales que asolan la humanidad son:

 

1          Intoxicación por mercurio (debido a las vacunas en los niños o a las amalgamas dentales en los adultos). En los niños produce autismo y en los adultos problemas psicológicos graves.

2        – Proliferación excesiva de hongos cándida (debida al mercurio, el cloro del agua del grifo y los antibióticos que destrozan la flora intestinal encargada de controlar los hongos.

3        Problemas crónicos del intestino.

 

Solucionando estos tres puntos y devolviendo la salud al organismo se normalizan estados mentales que los profesionales etiquetan de irreversibles e incurables. Esta afirmación la hago con conocimiento de causa avalado por la experiencia.

 

Aconsejo ver el siguiente vídeo. Aunque no es agradable, es mejor verlo que ignorarlo.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=0N91anpza0Q?rel=0]

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No hay respuestas

  1. ananda dice:

    No conocia esto sobre K, me ha gustado, sensibilizado y me ha parado como siempre.
    «El 9 de mayo, K tuvo que someterse a una operación de próstata en el Centro Médico Cedars-Sinaí, de Los Ángeles. Avisó de antemano a Mary que ella debía estar muy atenta y no dejar que él «se saliera de sí», y que también debía recordarle a él mismo que estuviera atento, de lo contrario, después de «cincuenta y dos años [de hablar en público] él podría sentir que ya era suficiente». Le dijo que «siempre había vivido con una línea divisoria muy delgada entre el vivir y el morir». Encontraba más fácil morir que seguir viviendo. Unos quince días antes de la operación, K había ido al hospital a fin de dar casi medio litro de su propia sangre para el caso de que se necesitara una transmisión. Rechazó la anestesia general, convencido de que podría ser demasiado para «el cuerpo». K siempre tuvo esta sensación de completo desapego entre él y su cuerpo.
    Cuando llegó el día, Mary fue con él y permaneció en la sala contigua. Al llegar, K recorrió las dos salas tocando las paredes, algo que siempre hacía en todo lugar nuevo que ocupaba; esta vez, evidentemente, también lo hizo por Mary. Jamás se reveló el motivo por el que hacía esto. Parece haber sido un medio de purificar, de disipar alguna influencia extraña, aunque no necesariamente maligna, y llenar el lugar con su propia influencia. Mary pidió al anestesista que hablara con K durante la operación a fin de mantenerlo alerta de modo que no se «saliera de sí». Después de dos horas lo trajeron en camilla de vuelta a su cuarto, lucía muy animado y pidió una novela policial para leer, pero en la noche sintió grandes dolores. Le administraron una dosis para niños de un fuerte calmante, pero tuvieron que suspendérsela porque le ocasionaba vértigos y náuseas. Se «salió de sí» por cerca de una hora y hablaba de Nitya, y más tarde tuvo lo que él llamó «un diálogo con la muerte». Al día siguiente, dictó a Mary un relato de esta experiencia:
    Fue una operación corta y no vale la pena hablar de ella, aunque hubo bastante dolor. Mientras el dolor continuaba, vi o descubrí que el cuerpo estaba casi flotando en el aire. Puede haber sido una ilusión, alguna clase de alucinación, pero pocos minutos después hubo una personificación; no una persona, sino la personificación de la muerte. Al observar este fenómeno peculiar entre el cuerpo y la muerte, parecía haber entre ellos una especie de diálogo. La muerte parecía estar hablándole al cuerpo con gran insistencia y el cuerpo se mostraba renuente a conceder lo que la muerte deseaba. A pesar de que había gente en la sala, este fenómeno continuaba: la muerte invitando, el cuerpo rehusando.
    No era un miedo a la muerte lo que hacía que el cuerpo se negara a las exigencias de ésta, sino que el cuerpo se daba cuenta de que no era responsable por sí mismo, de que había otra entidad que era la dominante, mucho más fuerte, más vital que la muerte misma. La muerte seguía exigiendo más y más, seguía insistiendo, de modo que intervino la otra entidad. Entonces hubo una conversación o un diálogo no sólo del cuerpo, sino de esta otra entidad con la muerte. Por lo tanto, había tres entidades conversando.
    Él había prevenido, antes de ir al hospital, que quizás hubiera una disociación con el cuerpo y así la muerte podría intervenir. Aunque la persona [Mary] estaba allí sentada y la enfermera iba y venía, esto no era una ilusión o algún tipo de alucinación. Acostado en la cama veía las nubes cargadas de lluvia, la ventana iluminada y la ciudad extendiéndose abajo por millas y millas. La lluvia salpicaba los cristales de las ventanas y él veía claramente la solución salina vertiéndose, gota a gota, en el organismo; sentía con mucha fuerza y claridad que, si la otra entidad no hubiera interferido, la muerte habría triunfado.
    Este diálogo comenzó en palabras, con el pensamiento operando muy claramente. Había truenos y relámpagos y la conversación proseguía. Puesto que no había temor en absoluto, ni de parte del cuerpo ni de la otra entidad, absoluta ausencia de temor, la conversación podía desarrollarse libre y profundamente. Siempre es difícil expresar en palabras una conversación de esa índole. Extrañamente, como no había temor, la muerte no encadenaba la mente a las cosas del pasado. Lo que surgía de la conversación era muy claro. El cuerpo experimentaba un dolor considerable pero sin aprensión ni ansiedad, y la otra entidad estaba visiblemente más allá del cuerpo y de la muerte. Era como un árbitro actuando en un juego peligroso del cual el cuerpo no era del todo consciente.
    Al parecer, la muerte siempre está presente, pero uno no puede invitar a la muerte. Eso sería suicidio, algo completamente absurdo.
    Durante esta conversación no había sentido del tiempo. Es probable que todo el diálogo durara cerca de una hora, pero el tiempo del reloj no existía. Las palabras cesaron, pero había una percepción instantánea de lo que cada uno estaba diciendo. Por supuesto, si uno está apegado a algo, ideas, creencias, propiedades o personas, la muerte no vendrá a conversar con uno. La muerte en el sentido del fin, es libertad absoluta.
    La calidad de la conversación era cortés. No había nada de sentimiento, extravagancia emocional ni distorsión del hecho absoluto que es la cesación del tiempo y la vastedad sin límites que existe cuando la muerte forma parte de nuestra vida cotidiana. Había una sensación de que el cuerpo continuaría por muchos años, pero que la muerte y la otra entidad siempre marcharían juntas hasta que el organismo ya no pudiera seguir activo. Había un gran sentido de humor entre los tres y uno casi podía escuchar la risa. Y la belleza de ello estaba con las nubes y la lluvia.
    El sonido de esta conversación se expandía infinitamente, y el sonido era el mismo en el comienzo y no tenía fin. Era un canto sin principio ni final. La muerte y la vida están muy íntimamente unidas, como el amor y la muerte. Tal como el amor no es un recuerdo, así la muerte no tiene pasado. El miedo no participó en ningún momento en esta conversación, porque el miedo es oscuridad y la muerte es luz.
    Este diálogo no fue ilusión ni fantasía. Era como un susurro en el viento, pero el susurro era muy claro y, si usted escuchara, podría oírlo; entonces podría ser parte de ello. Entonces juntos podríamos participar de ello. Pero uno no lo escuchará si está demasiado identificado con su propio cuerpo, sus propios pensamientos y sus propias tendencias. Uno tiene que abandonar todo esto para entrar en la luz y el amor de la muerte.
    Extractos del libro “Vida y Muerte de KRISHNAMURTI” – MARY LUTYENS»
    un enlace
    http://www.tendencias21.net/La-naturaleza-favorece-el-bienestar-fisico-y-psiquico-del-ser-humano_a4488.html

  2. juanp dice:

    alguien sabe si la desintoxicacion podria ayudar a curar el trastorno bipolar? gracias por sus comentarios me gustaria seguir ayudando a mi madre la pobre se atraganta todos los dias de pastillas


  1. enero 3, 2014

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